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El ocaso de la adolescencia.

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El ocaso de la adolescencia es un conjunto de poemas que recoge los pensamientos de un adolescente cualquiera que acaba de salir del instituto y se ve obligado a enfrentarse a la realidad. A lo largo de la lectura podrás conocer sus pensamientos acerca de los reveses emocionales que le da la vida como la situación de inestabilidad política de nuestros días.

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Descripción del producto

El ocaso de la adolescencia es un conjunto de poemas que recoge los pensamientos de un adolescente cualquiera que acaba de salir del instituto y se ve obligado a enfrentarse a la realidad. A lo largo de la lectura podrás conocer sus pensamientos acerca de los reveses emocionales que le da la vida como la situación de inestabilidad política de nuestros días.

Aquí te dejamos una muestra:

XXII
Arde Europa tras las Fallas,
por las bombas que lanzaron,
arde Europa embozada en sangre,
por el rencor acumulado.

Fanatismos que se amotinan,
nacionalismos que se justifican,
arde Europa tras las fallas,
arde sin un rumbo fijado.

Mientras se saquean entre ellos,
venden fusiles que no tocan,
embaucan a inocentes ciudadanos:
arde Europa tras las vallas,
arderán por ello refugiados.

Escuchen las carcajadas del miedo,
escuchen los gritos de la muerte,
arde Europa entre lágrimas de odio,
los pecadores, desgraciados, saldrán airosos.

Alzad el puño, la venganza nos guía,
el toma y daca que nos cuesta la vida,
una bala por cada responsable y asesino,
mil lágrimas por cada cual
que fue privado de su destino.

XXIII
Tan acogedor, tan cálido,
tan hogareño y sosegante…
Quiero permanecer ahí, no quiero irme,
quiero llegar, me siento feliz así,
pues no hacen falta cerillas
para encender grandes hogueras,
no hacen faltan palabras,
para tener buen don de lenguas.

Tan acogedor, tan cálido,
tan hogareño y sosegante…
La juventud me sonríe, el tiempo me observa,
mero alumno parezco aprendiendo ¡y de qué manera!
soy niño avido por saber,
por donde andar, qué probar,
puro politiqueo, demasiadas posturas,
habrá por decreto decidir.

Tan acogedor, tan cálido,
tan hogareño y sosegante…
Recuerdos felices, vivencias despiertas,
el corazón corre y la sangre espera,
como una hoja, con la inercia del viento,
vacilo, me muevo, todo puro instinto,
no es tan sencillo, presumo es difícil,
algo tan banal y masticado,
pleno de eufemismos varios,
gobernado por el tabú,
seriedad impune externa,
anarquía salvaje por ciudadanía…

Tan acogedor, tan cálido,
tan hogareño y sosegante,
espero volver otro día,
es el paraíso que todos ansían.

XXIV
Mancillado queda el himno de la alegría,
donde los falsos hermanos miran a otro lado,
se olvidan de lo que es humano,
y por ello perderán su tranquilidad.

La Unión no deja de ser otra paz armada,
aunque el curso de armamento sea lejos,
evitar que Berlín vuelva a ser bombardeada,
para que sus habitantes observen la nueva guerra.

Ametrallan a los hijos bastardos de oriente,
matan de hambre a los débiles de occidente,
expolian a una África ahogada en sangre,
desde Sudamérica vendrá la crítica pertinente.

Hipócritas que dejaron el fusil y la esvástica,
para vestirse de traje y empuñar una pluma,
Europa cae, y no por terror,
Reverte sonríe, todo es dolor.

Todo tarda en gestar, nada queda solucionado,
¿quién se tomo el honor de disolver el Imperio Otomano?
Pensar que con falsas democracias podríamos domarlos,
fue el error que nos está masacrando.

Piedad por la ciudadanía, piedad por el pueblo,
unos nos explotan para solventar sus crisis,
otros por los crímenes de los que nos gobiernan,
somos pobres diablos que solo quieren paz,
y sentir de vez en cuando un poco de libertad.

XXV
Siempre hubo en estas tierras,
una doble vara de medir:
a ti te piden que hagas milagros,
a los otros, basta con cumplir.

Siempre hubo en estos lares,
preferencias en detrimento de justicia,
o les das el Cielo cada día,
o te mandarán al infierno de por vida.

Todo por reclamar aquello que mereces,
que por orgullo, jamás será ofrecido,
lo que por derecho mereces,
por decreto fue duramente arrebatado.

Todo por aclamar la posición que te pertenece,
por dar la cara cuando debes,
son fuertes los azotes de la vara,
solo la perdición les hará llamarte.

Pues cuando el abismo avisa,
eres tu quien lo mira por ellos:
cuando las cosas son aceptables,
de ti no quieren saber.

Pues te prometen la mano de Midas,
y se olvidan de ti tras tus conquistas:
no hay ápice de justicia en sus elecciones,
por más correctas que sean tus acciones.

XXVI
Tranquilidad y sosiego,
cuando acarician su piel blanca,
plagada de lunares negros.

Elegante como el que más,
imponente como ninguno,
su figura resalta ante todos,
merecedora del respeto universal.

Suave deberás tratarlo,
aunque desatar tu pasión es obligado,
de él lo tendrán todo, de ti depende,
que el público quiera seguir viendo con la piel
lo que trasmites con tus dedos.